El club de lo cotidiano

Hay un lugar donde lo que nos une es lo cotidiano, donde la práctica más importante para recrearnos es la propia convivencia. La recreación puede ser de muchas formas, pero su cometido es generar una iteración de lo que somos y que esa iteración tenga un resultado más satisfactorio que el anterior.


Así sucede en todas las actividades recreativas, desde las más simples hasta las más complejas, como el desarrollo deportivo, y los clubes sin lugar a duda cumplen este rol. El club es ese espacio en el cual compartimos con otros algunas actividades que nos recrean y a la vez podemos seguir disfrutando de nuestra vida diaria retroalimentados por todo lo que sucede allí.


Hay cientos de clubes para todos los gustos, de ciencia, de literatura, de poesía, culturales, deportivos, sociales y todos tienen como objetivo ser un espacio recreativo que permita a sus integrantes potenciar sus posibilidades y generar mayor satisfacción.


Y un club de lo cotidiano no es diferente en su objetivo, pero no se vale solo de elementos sofisticados para cumplir su objetivo, sino que lo más importante sucede en la pluralidad que hay allí, en aquello que consideramos cotidiano, por ejemplo en la charla, en la comida y en las amistades.


Tal vez el secreto está en que en este club de lo cotidiano hay una forma diferente de ver las relaciones; en este club de lo cotidiano no hay relaciones de poder, sino que el poder es la unión de todos; en este club de lo cotidiano no hay diferencias, sino comprensión de la diferencia como una maravillosa oportunidad de aprender; en este club de lo cotidiano lo más “rígido” es el deseo de estar allí y disfrutar.


Porque la clave está en disfrutar, en sentir cada momento con aquello que lo diferencia de los demás momentos, el club de lo cotidiano consiste en aprender —viviendo mejor, haciendo mejor— a comer, a pensar, a hablar, incluso a reñir.

Hay dos visiones sobre los conflictos: como un problema o como una serie de dificultades. No porque cuando lo vemos como dificultad cambie el panorama, sino porque si es una dificultad y la superas, te vas preparando para el próximo conflicto. De eso se trata avanzar.


Y en este club de lo cotidiano vemos el conflicto, lo encaramos, lo resolvemos y seguimos avanzando, aprendiendo a compartir, a respetar, a disfrutar, a sentir, a sonreír, a reír y, por supuesto, a vivir cada día un poco mejor, dejando vivir y dando vida siempre a algo nuevo y bueno.



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